1. ORIGEN DEL KARATE–DO

Gustavo A. Reque 8º Dan RFEK

El maestro Fumakoshi Gichin, fundador del estilo Shôtokan describió en su obra autobiográfica “Karate-Do: Mi Camino” la filosofía de lo que era para él era realmente el Karate: “…el purgar de uno mismo los pensamientos egoístas y malos. Porque solo con la mente despejada y consciente puede uno entenderse, así como el conocimiento que recibe”.

Hasta la aparición del libro “Karate–Do: Mi camino”, la practica era exclusivamente técnica denominada Jutsu, utilizando las mismas técnicas, pero con modificaciones para hacerlas menos lesivas, se transformaron en formas de practicar a través de las cuales se buscaba alcanzar un nivel superior de consciencia, es decir: utilizando la practica de las técnicas del karate se pretendía realizar una potente búsqueda espiritual. Podemos decir que; las asanas (posturas especiales realizadas en el Yoga) son a la búsqueda de la espiritualidad, lo que las técnicas de karate son para la búsqueda de la misma espiritualidad. En el Yoga se alcanza un estado superior de conciencia por medio de técnicas estáticas y en el karate se puede alcanzar el mismo estado de conciencia por medio de técnicas dinámicas, es entonces cuando se transforma el KARATE, EN KARATE-DO.

 

Los concepto “El karate empieza y acaba con cortesía” y En el Karate-Do no existe un primer ataque”, debe entenderse en su forma espiritual, no literal. El Karate-Do se debe considerar como un medio para la evolución personal continúa utilizando un tipo específico de acondicionamiento físico, mental, espiritual y adquisición de habilidades las cuales se rigen fundamentalmente bajo estos dos preceptos.

El Maestro Funakoshi, era un asiduo practicante del confucionismo que está compuesto por normas de conducta y formas de pensar que ayudan al ser humano a ser “humilde interna y externamente”. A su juicio, al igual que todos los primitivos Maestros, la cortesía era de primordial importancia, “el karate-do empieza y acaba con cortesía”, como quedó escrito en primer lugar en “Los veinte principios del Karate”, escrito en el año 1938 cuando Funakoshi tenía 48 años.

Funakoshi, también era practicante de Zen y tomó de él normas que aplicó en el Dojo Kun de las escuelas de karate-do. Quinta norma: “Evitar situaciones de conflicto”. Se entendía en aquellos tiempos, que un golpe de un verdadero experto podría significar la muerte; pero también promovió la convicción personal de que “en tiempos de grave crisis pública, hay que tener coraje para hacer frente a un millón de rivales”, entendiendo que la indecisión es una debilidad.

La práctica del Karate-Do no debe acabar en el desarrollo del acondicionamiento físico, técnico o táctico, al estudio de los katas, al combate deportivo o a la defensa personal. El Karate-Do posee principios y objetivos para el crecimiento espiritual de los alumnos por medio de normas éticas y morales como son: búsqueda de la perfección, defensa de la verdad, respeto, esfuerzo continuo y cortesía. Estas cinco normas conforman el DOJU KUN, que es recitado tradicionalmente en los dojos donde se practica el KARATE-DO.

Los alumnos veteranos podrán olvidar las técnicas y tácticas del combate y también los movimientos de las katas, pero nunca olvidaran el espíritu de la cortesía que aprendieron durante su juventud.