En numerosas ocasiones hemos oído la frase “es bueno por genética? o “éste tiene la flexibilidad genética” e incluso “lo tiene fácil por genética?… ¿Qué hay de verdad en estas conclusiones?

La neurociencia intenta en la actualidad hallar respuestas y lo está haciendo porque el deporte moderno ha alcanzando desde hace pocos años cotas insospechadas. Las casas comerciales, la educación social, la sanidad, los medios de comunicación e incluso, la política se muestran muy interesados en el deporte y el culmen es el deporte Olímpico. ¿Existe algún gen deportivo que facilite al deportista la gloria?, ¿hay pruebas de que ciertos genes son transcendentales para dominar las habilidades motrices complejas?

Se sabe muy poco de los genes concretos que codifican las aptitudes motrices, pero sí se sabe que cuanto más compleja es la técnica deportiva mayores son las diferencias individuales en la rapidez del aprendizaje. Hay deportistas que avanzan muy rápidamente y dejan atrás a otros, ¿menos favorecidos genéticamente? El NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental de EU) encontró que el gen BDNF que codifica los factores neorotróficos puede producir variaciones en el aprendizaje y en el rendimiento. Este gen aparece en dos variedades “val” y “met”. Los individuos con la versión “met” tenían más dificultades en todo lo relacionado con la memoria y también con la memoria neuromuscular. Estudios posteriores con resonancia magnética funcional examinaron los cerebros de estos atletas y corroboraron que los “val” y los “met” respondían con diferencias sutiles relacionadas con el interés demostrado por los atletas en el experimento. No se llegó ninguna conclusión. La investigación continua en la actualidad y parece ser que no encuentran un “gen deportivo” y menos gen karateka.

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Los atletas más estudiados son aquellos que se mueven con parámetros cuantificables –centímetros, gramos y segundos¬– y por ahora solo se ha encontrado que la incidencia de los genes influye en la anatomía de los atletas y consecuentemente en la BIOMECÁNICA. Un ojeador de talentos deportivos no buscaría nunca a un posible jugador de baloncesto en una etnia de pigmeos sino que lo haría en etnias africanas con gente de 2 metros de estatura como los “Dinka” (altos y delgados como Manute Bol, que medía 2,31 m y tenía una envergadura de 2,59 m de brazos). O, si se buscara a un buen corredor de fondo viajaría a Kenia (etnia Kalenjin). Por muy buena genética que tuviera un kalenjin nunca podría competir con Gasol y por muy buena genética que tuviera Gasol tampoco podría competir en una maratón con un kalenjin de tobillos finos, tendones de Aquiles más largos que la media, piernas largas para su talla, cintura estrecha y somatotipo “nilótico” ( grupos étnicos que viven en el valle del Nilo). Por lo tanto; la genética manifestada en la biomecánica, sí influye en el rendimiento. Este es el motivo por el cual es necesario que los niños y jóvenes practiquen varios deportes hasta encontrar uno que se adapte a su biomecánica específica. Es el caso de R. Federer, que jugó bádminton, baloncesto y futbol –incluso sus padres le animaban a que dejara de tomarse en serio el tenis–.

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En el año 1993, se hizo un estudio con los músicos del Conservatorio de Berlín. Se encontró que los violinistas que alcanzaban las 10.000 HORAS DE PRACTICA acababan siendo interpretes altamente cualificados. Para acumular este número de horas se necesitaban 10 años, de aquí se dedujo: CUANTO ANTES SE EMPIECE MEJOR. Se estimó que la edad ideal era los 5 años.
El psicólogo K. A. Eriksson, escribió por entonces un artículo que produjo un dogma en el mundo del aprendizaje y consecuentemente se extrapoló al deporte: “La infraestructura de la práctica deliberada”.
Si hacemos una simple división encontramos que; 10.000 horas en 10 años equivale a aprox., 3 horas al día. ¿ Nos recuerda este numero a algo que repiten los técnicos de karate desde siempre? Pues sí; la entrada al ALTO RENDIMIENTO se alcanza más o menos en ese tiempo y en esos años. ¿Quiere esto decir que una vez alcanzada esta cota ya somos ganadores? Pues no; “la percepción y la acción en el deporte están entre las cosas más complejas que los humanos podemos hacer. No solo es compleja la ejecución, sino que siempre hay alguien que intenta evitar dicha ejecución”. La genética nos da el “hardware”, pero es el “software” lo que marca la diferencia entre la normalidad y la excelencia.

Conclusión: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”. 
Corolario: A entrenar mucho y bien que los genes solo valen para el aspecto.