Vivimos fuera de nuestros cuerpos. Siempre estamos alrededor de nosotros mismos, pero nunca dentro, solo somos conscientes de la corporalidad cuando nos duele algo o enfermamos. Todo lo que nos sucede viene de afuera: “yo y mis circunstancias”, decía Ortega y Gasset, con este aforismo se describe la gran rareza de la humanidad: el ego y su relación con todo con lo que se relaciona. Las conexiones son “circunstanciales y relativas”. Las circunstancias, son infinitas y dependen de…, lo que se tercie. Vivimos en cuerpos dominados por la ligereza de los azares relativos –“estoy haciendo esto, pero podría hacerlo de otra manera…”–, y bajo el comando de la relatividad que marca el ego –“yo me merezco esto, pero creo que me merezco mucho más”–. Con estos parámetros queda poco para vivir un momento absoluto.

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Actualmente, decimos en cualquier conversación: “SÍ, ES ASÍ, PERO DEPENDE…” Está frase es relativa, es decir, “susceptible de ser puesta en cuestión”, pero si eres contundente y dices: “sí, esto es así”, sin el “depende”, entonces estarás muy mal visto por la sociedad. Todo se ha tornado relativo en la actualidad. Cuando dices “depende”, después aparecerá otro depende y luego otro más…la rueda de la relatividad no parará nunca, pues el ego es infatigable y nunca está satisfecho. Cada vez que dices “depende”, estás pensando en el pasado o en el futuro nunca en el presente por que no te gusta como es. Siempre “podría haber” otro mejor. Esto es causa de tensión crónica; nunca estás relajado porque te han enseñado que no hay nada absoluto. La conciencia está cada vez más lejos del cuerpo porque cuando descubres algo, ese algo, cambia inmediatamente en bucles continuos y tu insaciable ego desea lo anterior o lo siguiente, siempre está en lo relativo lejos del PRESENTE que es “lo absoluto” y es LO ÚNICO QUE REALMENTE EXISTE.

Por este motivo el cuerpo se vuelve cada vez más tenso, porque su BASE CONSCIENTE ES RELATIVA, amorfa, como el barro, ahí no se puede construir nada…todo es accidental, la vida se hace imprevisible –“yo y mis circunstancias”–. Se quiere tener todo, pero “relativamente” y esto deja muy poco espacio para el momento absoluto. El exceso de melancolía por el pasado y la ansiedad por el futuro nos está conduciendo a una insatisfacción crónica en el presente. Como consecuencia, las alteraciones morales y espirituales están infectando las mentes del mundo moderno digitalizado: LA NEUROSIS DE LA RELATIVIDAD.

 

La perdida de la sabiduría innata del cuerpo relajado forjada por la evolución a través de milenios está produciendo desequilibrios en la salud física y mental. El grado más alto del conocimiento humano, LA SABIDURÍA NATURAL HUMANA se está relativizando. La mente con sus violentos soldados egóticos; odio, mentira, deseo, maledicencia, pereza, desilusión, apatía…, está controlando la mayoría de las acciones, casi siempre vibrantes por la tensión que provoca la carencia de sustrato permanente. Tu “yo profundo” se está alejando de tu cuerpo, estás dejando de ser tú y te estás transformando en tus circunstancias, ÉSTAS, PERO NO ERES porque tu no eres tus circunstancias. Es un estado de inanición espiritual. Obsérvate durante un instante: ¿cuánto de ti depende de la tecnología digitalizada?, ¿podrías vivir sin tu móvil, sin SMS, sin ordenador, sin Fb, sin ¡1000 amigos!,…seguro que contestas “depende”.

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Pero estamos en una página de Karate, y me preguntareis, ¿y, qué tiene que ver todo esto con el karate-do? Todo se engrana, todo es uno, veréis:

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¿Te acuerdas aquella vez cuando te sucedió aquello tan peligroso y difícil y saliste airoso? Fue cualquier cosa: una pirueta, cantar una canción, hacer un trabajo, parir un hijo, salir con vida de un accidente, hacer algo caritativo o altruista, dar las gracias o disculparte (para mucha gente dar las gracias o disculparse ¡es un esfuerzo sobrehumano!…). Cuando la tensión de ese incidente acabó, la sensación de PLENITUD que experimentaste fue enorme. Ese momento, recuerda, no fue relativo, fue absoluto y se manifestó durante un instante con INTENSA ALEGRÍA. Fue un instante absolutamente humano, no digital, ni relativo. Actualmente, la merma de los momentos absolutos en el avatar diario es tan grave, que los jóvenes infectados de inanición espiritual se filman realizando acciones suicidas. ¿Por qué?: porque necesitan recordar cuanto fueron “ellos mismos” durante un momento de absoluto peligro. La relatividad de sus vidas les conduce a provocar una innecesaria y potente estimulación que guardan en la memoria de un ordenador. Parece que el respeto por sus vida no es suficiente, pero la emoción de sentir la muerte, sí.

Pues bien, cuando practicamos un KATA-DO, no importando las circunstancia externas –se realice con la mayor perfección o con muchos desequilibrios– si el practicante es consciente de lo que ha sucedido (bueno o malo) y ha sentido como la energía de su cuerpo se ha manifestado a través de cada kamae, kiai, kime o sanchin, entonces experimenta una sensación de presencia, de aquí y ahora que esta fuera del tiempo y del escenario. El karateka ha entrado en un momento denominado SATORI que es la conciencia plena del AQUÍ Y AHORA. En ese momento NO HAY RELATIVISMO, ese momento es ABSOLUTO. Este es el secreto por el que practicamos LAS KATAS, CON HUMILDAD, DURANTE TODA LA VIDA.

“Las katas-do son un vehículo perfecto para vivir el momento ABSOLUTO en donde no hay nada RELATIVO”.

Fotos: Cualquier ambiente es propicio para realizar KATAS-DO: Dojo, competición o naturaleza.

Por, Gustavo A. Reque
Experto Universitario en Inteligencia Emocional
Resumen de la sesión de meditación: “La Relatividad y el kata-do ”.