NO HAY MAYOR DESPRECIO QUE EL NO APRECIO

Los entrenadores, los profesores, los maestros, o los, “senseis” como denominamos a los instructores de karate, deben conocer con delicadeza la máxima que encabeza este escrito. “No hay mayor desprecio que el no aprecio”.

Veamos tres ejemplos:

  1. Muchos alumnos actúan durante los entrenamientos más empujados por el temor al castigo que por la esperanza del reconocimiento.

Este “castigo” no se produce físicamente, sino que actúa como tal si el maestro no muestra signos de ATENCIÓN hacia el alumno. Las miradas de soslayo hacia el sensei, mientras realizan una técnica, es un signo evidente de ese temor.

  1. El alumno al verse expuesto crónicamente a una CENSURA, se desanima cuando descubre que no tiene esperanza de recibir elogios.

Este es el caso de “maestro censurador” que solo resalta los defectos y muy pocas veces las buenas virtudes y capacidades.

  1. El alumno puede caer en una situación mental de desaliento –“por sus errores y descuidos”– que son amplificados por el maestro CONTROLADOR.

Si esta actitud por parte del maestro se hace crónica; puede provocar complejos y sensaciones de infelicidad en el alumno provocando tristeza y frecuentemente, abandono. Hasta la fruta se “mustia”. (Mirad el efecto que se produce en una naranja expuesta a tres criticas diarias y otra, querida y alabada, durante dos semanas. Experimento real).

La siguiente norma pedagógica que he utilizado durante toda mi vida, no solo con los alumnos, sino con mis hijos, es una norma de tres reglas que repetía frecuentemente el muy querido Profesor J.M. Cagigal durante sus clases de pedagogía en el INEF de Madrid de los años 68:

“OBSERVA todo lo que hace el alumno, CORRIGE lo imprescindible con amabilidad y GRATIFICA siempre lo positivo que realice”.