1. ENCUENTRA TU VOCACIÓN , TRANSFORMALA EN TU TRABAJO Y VIVIRÁS CON PLENITUD?
No conozco ningún sensei de karate, que lo sea, porque no le gusta su profesión. Todos los senseis de karate son vocacionales. El día que nos pusimos por primera vez el cinturón blanco lo hicimos unos por curiosidad, otros influidos por las películas y actores de moda e incluso algunos inducidos por unos padres que veían peligros de los que el hijo debería aprender a defenderse. ¡Qué lejos queda todo aquello! La verdad es que, simplemente; ¡ nos gusta!
Si todo el mundo hiciera de su vocación su profesión, el mundo sería mejor y más sano. Son pocos los que lo consiguen, por eso los senseis de karate somos afortunados. CON HUMILDAD debemos acreditar y difundir entre los educadores, que es un gran trabajo orientar el camino vocacional hacia la profesión.
Después, pasados muchos años, esta vocación se ha trasformado en profesión y en un trabajo remunerado. Unos con más éxito que otros, pero ciertamente hemos hecho de una vocación una profesión. ¿Es eso suficiente para tener una vida plena?
Pues no. Veamos en el siguiente apartado otro punto para llegar a la plenitud.

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2. COMPARTE TU EXPERIENCIA.
Cuando se llega a un cierto nivel de conocimiento, aparece una necesidad de ENSEÑAR LO QUE HAS APRENDIDO. Este punto es crucial pues puede conducir a la falsa creencia de que, por ser cinturón negro, ya puedes considerarte un experto. Aparecen entonces, “maestrillos” que imparten clases dogmáticas o se apartan de la línea inicial e inventan formas, katas e incluso escuelas “nuevas” que no son más que una ensalada de conocimientos adaptados a las condiciones físicas y psíquicas del “maestro”. Es muy frecuente oír, “yo me he separado de mi organización porque está politizada”, cuando en realidad no se dan cuenta de que son ellos los politizados. Toda actividad social esta politizada. Curiosamente, al crear una forma nueva de asociación, “ellos son los directores”.

Evitar el autoritarismo y favorecer la comunicación compartiendo.

Sí, es bueno compartir, pero de igual a igual y SOBRE TODO CON HUMILDAD.
¿Se alcanza la plenitud con este punto relacionado con compartir la experiencia?
Pues, no. Pasemos a otro punto.

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3. NO PARES DE APRENDER NUNCA
Cuando alcanzas el cinturón negro, es cuando empiezas a balbucear el idioma de karate–do. Es cuando empiezas a entender la unión entre el cuerpo y la mente. Son necesarios, cinco años o 1500 horas de entrenamiento para modelar el aparato locomotor y sincronizarlo con el deseo, la ambición, la competición, las lesiones, y todo aquello que acompaña este arte. Cuando alcances ese nivel básico, se inicia un nuevo proceso, pero esta vez, teniendo los elementos necesarios para construir un karate propio en el que te puedas expresar. Cursos, visitas a maestros, retiros, viajes… esperan al karateka que desee aprender desde el conocimiento y el corazón. Cuando alcanzas las 10.000 horas de entrenamiento, habrán pasado los años suficientes como para ver el cinturón como una cuerda que solo vale para que “no se abra la parte de arriba del karategui”. Después vendrán otras 10.000 horas y después otras 10.000…hasta que tu y el karate sea una sola cosa. A eso lo llamamos –DO.
¿Ya se ha llegado a la plenitud?
Pues, no. Pasa al siguiente punto.

4. NO TE QUEJES NUNCA, ADAPTATE.
Durante las miles de horas, días, semanas, meses y años, que vives en la filosofía del karate–do, aparecerán muchas circunstancias con las que no estás de acuerdo. Es condición humana; quejarse. En caso de conflicto, siempre hay tres posibilidades: PELEAR, PACTAR o HUIR; pero de queja, poco. Cuando la queja se cronifica, se trasforma en RESENTIMIENTO y de ese espíritu no sale más que CONFUSIÓN.

Cuando no se está de acuerdo con algo, comunícalo inmediatamente e intenta pactar, huir o pelear. La pelea, nunca es conveniente, es la peor solución, deja mucho efecto colateral; huir, es difícil, pero no tiene tantos efectos secundarios. Pactar es la mejor solución. Para eso hace falta actuar igual que hacemos durante la realización de las katas; LA KATA VENCERÁ SIEMPRE; no huyas de ella; pacta con ella, realízala de otra manera, con menos potencia, con transiciones más lentas,…como la sientas mejor. ADAPTATE a una nueva forma de ejecutar; la kata nunca se adaptará a ti, adáptate tú a ella.

Ésta es la filosofía de karate–do: una gran enseñanza de vida que acaba manifestándose a la vida ordinaria. Cualquier situación social puede ser resuelta aplicando la filosofía que encierra el corazón del karate–do.
¿Cuándo actúas así, ya has llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

5. DISFRUTA DE TU PROFESIÓN.
¡Que suerte tenemos los que podemos vivir una profesión vocacional, llena de aprendizaje, buena para la sociedad y encima podemos comer de ella!

El maestro de karate–do cumple con las cuatro premisas de la cultura hara gai. Vive cada clase como si se tratará de un pintor que tiene una tela en blanco y dispone de cinco colores para materializar lo que esta en su mente. Cada clase es una OBRA DE ARTE donde damos todo que tenemos con el corazón, fuerza y técnica. ¡Que suerte tenemos!

Cada momento de tu vida debe ser sentido como un instante de calor y vida. La profesión es lo que te da de comer, te da calor y debemos dar las gracias por ser así. Esto es lo que llamamos PROFESIÓN CONSCIENTE.

¿Ya se ha llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

6. DESARROLLA LA CURIOSIDAD
El estado de alerta mantiene el cerebro despierto. ¿ALERTA?,…¿para qué…?

Puedes pensar así, es normal, actualmente no existen los peligros que antiguamente acechaban por doquier. Entonces, ¿de qué hay que estar alerta?; de todo. El mundo esta lleno de cosas que no las cubriríamos todas ni en 100 vidas. Pero, hay tantas que no sabemos cuál es la más interesante y así pasan los años, en la duda; ¿qué elegir que sea digno de utilizar nuestro tiempo?

No eres curioso porque; no sabes lo que quieres, o peor aún; quieres todo y no sabes qué elegir. Los animales que se mueven en bandadas consiguen confundir al depredador y el animal solitario lo compensa curioseando. Los humanos hacemos lo mismo: o nos perdemos en la masa impersonal, o curioseamos en la individualidad. Pero, siempre la falta de curiosidad es un signo de falta de plenitud.

Como somos karatekas, estamos acostumbrados a entrenar. Bien. Veamos una forma de entrenar la curiosidad: Elige lo que quieras; plantas, armas, pintura, paisajes, tiro con arco, mascota, respirar, mirar, leer, andar,…cualquier cosa que te atraiga. Una vez elegido, busca información sobre ello ( si no lo encuentras en internet es que no has curioseado lo suficiente…). ESTUDIA SOBRE LO ELEGIDO. Cuando tengas información, aplícalo a los alumnos adaptándolo al karate. Te sorprenderás los resultados.
Estas es una forma elemental de desarrollar las curiosidad, no solo en ti, sino que enriquecerá a los alumnos.
¿Ya se ha llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

7. ACEPA TODO LO QUE OCURRE, PERO NO TE CONFORMES

“Errar es de humanos, rectificar es de sabios, pedir perdón es de héroes”.

No debemos confundir la aceptación con la conformidad.

Cuando nos conformamos, aparecen emociones negativas como CONSECUENCIA DE LA RENDICIÓN QUE IMPLICA CONFORMARSE. Llegamos a creer que no podemos cambiar nada, Aparecen pensamientos como; “ no puedo hacer nada para mejorar…siempre será así…no seré feliz…” Como resultado final llega la frustración, que no es nada saludable para nadie. Sin embargo, CUANDO SE ACEPTA que las cosas se producen de una manera natural, como parte de la vida –aunque sean negativas– aparece una sensación de querer mejorar por medio de un cambio. El cambio siempre vendrá precedido de un movimiento. Se acepta que algo no tiene solución, pero se ponen los medios para buscar una variante, ES UNA FORMA DE PACTAR.

La edad trae como consecuencia natural una sensación mayor de peso que es consecuencia de la perdida de fuerza muscular. La edad hay que aceptarla, no tiene solución, pero NO TE CONFORMES. La perdida de fuerza se puede compensar mejorando la técnica, buscando en centro de gravedad, haciendo ejercicios isométricos, o con pesitas. ¿Cómo lograrlo?: creyendo en el karate–do como vehículo para mejorar la mente y el cuerpo y, seguir entrenando.

Siempre estará al acecho la pereza, de la que ya hemos hablado ampliamente (artículo anterior) y nunca hay que olvidar que el cuerpo siempre busca el camino del mínimo esfuerzo.
¿Ya se ha llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

8. REACCIONA CON RAPIDEZ.
Es frecuente que cuando encontramos en la vida cualquier contratiempo dejamos pasar el tiempo pensando que el tiempo pondrá la solución.
Es mejor, aplicar la solución lo mas rápidamente posible para que el problema no se enquiste.

Ante cualquier situación; dolencia, enfermedad, tristeza, desencuentro, enfermedad, las cosas se solucionan mejor si ponen los remedios lo más rápidamente posible. En caso contrario, cuando la pereza se pone en marcha, “mañana lo arreglaré”, “hoy no tengo ganas”, “quizá se arregle solo”, “otro lo hará por mi”, etc, etc., las cosas se enquistarán y acaban poniéndose peor. Un aforismo muy conocido dice; “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Cuando, durante una clase de karate, las cosas no salen bien, nunca te marches del dojo con esa mala sensación; haz unos cuantos movimientos que domines y márchate con la sensación de que has hecho algo bien. Nunca te vayas a casa frustrado. Reacciona con rapidez.
¿Ya se ha llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

9. CUANDO TE EQUIVOQUES, NO TE LAMENTES.
El que se equivoca es que lo ha intentado, y si te equivocas, lo vuelves a intentar y si no lo consigues después de varios intentos, pide ayuda. Este es el esquema básico del aprendizaje. Lo que no debes hacer nunca es lamentarte o quejarte. Cuando una persona se lamenta pierde durante unos momentos la capacidad de reaccionar. Cuando te lamentas de tu propia actuación, de la de otro, incluso de una circunstancia, siempre TIRARÁS PIEDRAS SOBRE TU PROPIO TEJADO. El lamento es una falta de autocontrol que no va a ningún lugar. Hacer notar a un interlocutor, o a un contrincante, tu fallo, es hacerle consciente de ello y esto solo consigue que el otro se refuerce. Cuando el lamento se mantiene en el tiempo, se trasforma en una queja y si ésta también perdura, acabas en la ciénaga de la frustración.

EL ESFUERZO para salir del lamento es lo que te hará más fuerte después. Se llama RESILIENCIA: de la adversidad salir más fuerte.
No es bueno para la salud mantenerse demasiado tiempo
lamentándose. Salir de ahí lo más rápidamente posible.
¿Ya se ha llegado a la plenitud? Pues, no.
Pasa al siguiente punto.

10. OBSERVA todo, IGNORA lo negativo, y GRATIFICA lo positivo.

Durante la practica de la profesión las siguientes tres normas siempre me han funcionado con éxito: Ante cualquier circunstancia que suceda con un alumno hemos de ESTAR ATENTO para constatar claramente que esta sucediendo. (En el apartado nº6 expliqué el estado de alerta y la curiosidad como elementos fundamentales para mantener el cerebro despierto). Al detectar cualquier punto negativo por parte de un alumno o circunstancia, si este punto no es excesivamente grave para el propio alumno o para los demás, entonces SE IGNORA el asunto. Pasado un tiempo, SE GRATIFICA positivamente alguna acción que ese alumno haya hecho.

“Si quieres vencer al enemigo, hazte amigo de él”.

En el caso de ser algo extremadamente grave, SE CORRIGE en privado, nunca en público –la humillación siempre trae malas consecuencias–.

Estas reglas no se refieren a la instrucción sino a la moral que debe mantenerse en un Dojo.

Una vez, en el Dojo, “desapareció” una cartera del vestuario. El propietario me lo comunicó. Paré la clase, y dije que fueran todos al vestuario a vestirse. Entré con ellos acompañado de un “sempai” de confianza, para evitar que el culpable se deshiciera de la cartera. Les hice regresar al tatami, vestidos de calle, y les coloqué en fila. Dije que cerraran los ojos, y el “sempai” y yo también los cerramos. Con los ojos cerrados revisamos los bolsillos de los pantalones, y las mochilas. La cartera apareció pronto, pero continuamos registrando a todos como si no hubiera aparecido. Al finalizar, hice volver al vestuario a todos y regresar con el karategui puesto. La clase acabó normalmente. Llamé al alumno propietario de la cartera y se la devolví. Me preguntó, “¿quién la robó?”, contesté, “no lo sé”… Pasaron unos 20 años y un día vino al Dojo un señor que quería hablar conmigo, me dijo que era el que se llevó la cartera y que venía a disculparse. Lloró. La madurez tardó en llegar hasta que la conciencia del señor no pudo aguantar más. Todo es cosa de tiempo. Actualmente es PROFESOR DE INSTITUTO…con conciencia.

¿Ya se ha llegado a la plenitud?
Pues ahora, sí, o…casi.