¿ Se pueden cambiar los Katas ?

Por: Sensei Gustavo A. Reque

Publicado en la revista:

CINTURÓN NEGRO: AÑO XIX – Nº 198 – FEBRERO 2007

Esta es una duda que acompaña a los esforzados practicantes de karate durante todos los años de práctica. Preguntando a los conspicuos maestros japoneses – supuestamente garantes de la respuesta sabia y de la verdad – contestan de una manera tan oblicua como sus párpados. Nunca se obtiene una contestación clara y concisa. Después de muchos años de asistir a numerosos seminarios con senseis de nivel mundial, he llegado a concluir que no pueden dar una replica convincente porque ni ellos mismos la tienen. Concluir quiere decir «dejar de pensar en algo»y el ser humano, al no poder dejar de pensar nunca, entra en un estado de ansiedad crónica con respecto a la pregunta inicial y es frecuente esta pregunta durante las clases: ¿he visto que el campeón de turno, hace la kata así o asa, es eso correcto?, ésta pregunta denota un grado de ansiedad que llega a ser crónica .

Recapacitando y haciendo un ejercicio de memoria histórica, encontramos que hasta 1920 el karate que practicamos en la actualidad tiene muy poco que ver con el karate okinawense que se practicó hasta esa fecha. Por entonces se produjo un proceso de adaptación de las técnicas de lucha china a las okinawense tan intenso como la «japonización» que llevó a cabo posteriormente el maestro Funakoshi . Así pues, O Sensei Funakoshi altero, no solamente las formas chinas sino que mezcló las técnicas originales de las escuelas de Shuri y de Naha con otras autóctonas, como las escuelas Shorin-ryu o To-De. Funakoshi, fue por esto considerado por los crípticos maestros okinawenses como un traidor que se vendió al imperio japonés. Alteró las antiguas katas tradicionales y escribió varios libros describiendo al detalle los secretos de los movimientos con profusión de fotos, lo cual para la mentalidad nacionalista de la época era tanto como un sacrilegio. Es decir: hizo una adaptación radical del karate okinawense para poder ser aceptado por las «modernas» autoridades de la época.

Otro de los motivos que indujo la alteración de las katas, fue que los maestros okinawenses entre el 1850 y el 1920 daban sus conocimientos a muy pocos y bien seleccionados discípulos los cuales eran entrenados por la noche, en lugares escondidos e incluso ocultos de la autoridad japonesa (Okinawa era una provincia dominada por la arrogancia imperialista japonesa). Debido a la rivalidad entre estás escuelas casi familiares, el espionaje era frecuente. Para evitar que sus técnicas secretas fueran copiadas, los celosos maestros, no pudiendo ocultarse de los ojos espías, desarrollaron técnicas de ocultamiento más sutiles: crear confusión. Para ello alteraron no solo el orden lógico de las trayectorias de las katas (embusen), sino también el sentido de las de las técnicas. Con esto lograron que cualquier espía con la simple memorización de las katas no pudiera utilizar las técnicas con efectividad. Hemos de ponernos en la mentalidad de aquella gente en una época en la que Japón estaba en guerra con China y posteriormente contra occidente cuando la efectividad era más importante que la estética de los movimientos. Es como si en la actualidad creamos un programa de Microsoft con un error. Aquellos ancestrales maestros lograron su objetivo plenamente, y así encontramos en la actualidad, que cuando tratamos de explicar un bunkai no lo resolvemos partiendo de un ataque real que se resuelve con unos movimientos naturales, sino todo lo contrario, los ataques son los que deben adaptarse a los movimientos de la kata. Este es el motivo por el que los bunkais son tan dispares no solo entre escuelas de trayectoria diferente, sino entre miembros de la misma escuela. He asistido a numerosos seminarios impartidos por afamados maestros y al ver la explicación que daban a ciertas acciones de mano como la técnica.Ippon Nukite de la Unsu o la manera de parar un bo en la kata Jitte (Ryo sho koko bo uke), no he podido evitar, aunque con todo el debido respeto, de sonreír hacia adentro por lo absurdo y ridículo de las explicaciones. Por si hay alguna duda, coger un bo, que pesa por cierto bastante más que un gusano de goma de esos que se usan para nadar, y arrearle un palo cogido con las dos manos a algún inconsciente pero con toda tu fuerza…En el mejor de los casos le romperéis un dedo y en peor la crisma. No lo intentéis. Cuando el mismísimo maestro Funakoshi mandó a su hijo a aprender kata y bunkai con el maestro Mabuni, cuando éste regresó, traía los antebrazos amoratados y llenos de hematomas, su comentario fue elemental: «creo que éstas técnicas no valen para parar un arma en movimiento…»

El maestro Kase declaró: «que Funakoshi estaba constantemente cambiando las técnicas y las katas», de esta manera consiguió liberar el karate de los estereotipados medievales preceptos okinawenses. Es posible distinguir tres etapas diferentes en la evolución del karate: la etapa okinawense, la japonesa (adaptación de Funakoshi para divulgar el karate okinawense en Japón) y la se Yoshitaka Funakoshi que es lo más parecido a lo que practicamos actualmente dentro del estilo Shotokan.

Muchas de las alteraciones que han sufrido las katas se deben a motivos relacionados con la anatomía del maestro que la enseñó. Es famosa la historia en la que el maestro Nishiyama describe que en la kata Kanku Dai, en la segunda posición, donde hay un doble shuto uke, el maestro de Funakoshi, Itosu- que era un okinawense muy alto- realizaba los shutos muy bajos. Funakoshi que era de muy baja estatura se vio obligado a subir notablemente la técnica hasta alcanzar la horizontalidad que conocemos en la actualidad. El recientemente fallecido maestro Kase, refería que «Funakoshi sensei alteraba continuamente las katas casi de semana a semana.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿se deben alterar las katas? Aquí va mi versión particular.

En este mundo no hay nada concluyente, solo concluye la muerte, todo cambia y se transforma hasta encontrar un equilibrio con el momento que se esté viviendo. Pero, ante a enormidad de las circunstancias que se producen en la vida de cualquier ser animado o inanimado, es la libertad del hombre la que debe decidir en cada momento qué camino tomar. De no ser así, seríamos animales irracionales. He dicho antes «seres animados e inanimados», no por la cursilería de la de la manida frase sino por que un kata, que es de lo que estamos hablando, se compone de una serie de movimientos que han sido creados por el hombre, es decir, que el hombre ha dado vida a los movimientos. Los movimientos por sí mismos no podrían cambiar nunca pues son abstractos, pero el hombre si cambia por ser un ser vivo. El hombre, en su concepto evolutivo todavía no ha concluido, eso sucederá con el fin de los tiempos pero eso entra en dimensiones astronómicas. Mientras esté vivo no puede concluir, eso sería morir física e intelectualmente, por eso las formas de lucha han cambiado, las katas han cambiado y el ser humano continua cambiando adaptándose a las circunstancias que le han tocado vivir en la actualidad. Resumiendo: si el hombre evoluciona continuamente, las katas también.

Es en este punto, cuando se encuentra uno con la pregunta: ¿cuándo se debe cambiar un kata? A eso me responsabilizo con esta respuesta: cuando tu ser te lo pida. Y es entonces cuando la confusión comienza. ¿Como sabemos que lo que tu ser desea hacer es lo correcto? Por ahora, y hasta que no se descubra a través de algún tipo de revolución otra manera, la mejor forma de saber si cualquier cosa o circunstancia se mueve dentro de la verdad es: cuando cualquier circunstancia física o mental esté lo más cerca posible del equilibrio perfecto.

En nuestro pequeño mundo del karate el «equilibrio perfecto» se logra cuando cualquier acción física se realiza sin alterar el eje de giro, sin desequilibrios y la actividad mental está en calma. La energía emocional, intelectual y espiritual que se necesitan para conseguir un movimiento perfecto, sólo se puede lograr a través del entrenamiento continuado durante muchos años. Es entonces cuando se alcanza la comprensión del más noble sentido de la practica de las katas: éstas son ejercicios diseñados para entrar en lo mas profundo de nuestra mente; la conciencia del ser.

Las asanas del Hata Yoga representan lo mismo que las katas. Lo mismo sucede con la postura Zazen, los sonidos de los mantras, los acuosos movimientos del Taichi o los vertiginosos giros de los derviches, todas éstas técnicas no están diseñadas para ser estéticas, sino para a través de ellas entrar en estados superiores de conciencia. Es como un mobius, el símbolo del Yin-Yang o la pescadilla que se muerde la cola: la inteligencia mueve el cuerpo para encontrar el equilibrio, y una vez encontrado, la mente del practicante siente la presencia de su ser que observa conjuntamente el movimiento del cuerpo y la quietud de la mente. Es entonces, cuando el ser observador se sitúa fuera de nosotros, como si alguien nos mirara desde afuera.

Lo que acabo de describir no es más que otra forma de interpretar el Do de todas las artes marciales. Es la conclusión final a la que llegó antes de morir el maestro Funakoshi. Hasta entonces todo fue un continuo cambio. Pero, para poder vivir la vida con plenitud es evidente que tiene que haber facetas cambiantes como los reflejos de un diamante: la joya siempre es la misma, pero la luz que refleja no es siempre igual, es cambiante, dependerá de la luz que incida sobre ella. Nosotros somos la piedra preciosa, pero ¿cuál es esa luz? : la opción que decidamos adoptar en cada diferente estadio de nuestra vida. Dependiendo de la elección obtendremos resultados diferentes. Dentro de estas opciones, en unos casos, los patrones básicos estarán en equilibrio con lo que pretendamos obtener y por lo tanto serán variaciones muy validas. Por desgracia, en otros, vemos los cambios caprichosos de algún maestrillo iluminado que solo se justifican por la vanidad y el egoísmo del inventor. Este es el caso de muchos «karatekas sin DO», que una vez alcanzado cierto grado de perfección técnica, cambian no solo los movimientos tradicionales por simple estética, sino que crean escuelas con rimbombantes nombres, eso sí japoneses, cuya finalidad no es la de mejorar el cuerpo o la mente de los alumnos, sino el control de sus cuerpos y sus mentes a través de asociaciones baratas. Yo los llamo: «controladores de cuerpos y mentes».

Sin embargo, se me ocurren, reduciendo al máximo, cinco formas validas de practicar kata en relación a si deben alterarse o no los movimientos.

1º. Kata para infantiles.

Estas katas se realizan en forma de juegos que desarrollan la imaginación creativa y siguen un embusen exacto y una técnica movida más por los aspectos lúdicos que por la perfección técnica. Las alteraciones del kata serán motivo de juego. Por tanto, sí es ético alterar el kata, pues el espíritu que se mueve en estas circunstancias es el de la creatividad y ésta es una de las facetas más nobles que se puede inculcar a los niños.

2º. Kata de competición.

La opción tomada es este caso debe estar sometida a las reglas y modas del momento. En éstas circunstancias podemos decir que la kata debe juzgarse al milímetro. Actualmente podemos ver en los campeonatos como los competidores realizan movimientos de Ibuki con pausas extremadamente largas, o hacen extraños movimientos como ese «aleteo» que vemos en el movimiento 30 de la kata Empi (Migi teisho chudan oshiáge-uke, que en lugar de arrancar la mano derecha desde la cadera lo hacen salir desde un grácil y «agabiotado» movimiento alar). Seguro que si el maestro Funakoshi o Kase vieran esa acción cambiarian de sexo…Pero, es la moda, debe aceptarse y los competidores ganan campeonatos. Este es un karate que denomino «centrífugo», es decir de adentro hacia fuera – para que se vea bien. Es una forma de hacer para gustar al público, y , me parece muy bien, es una opción perfectamente válida hasta que a un conjunto de jueces de nivel mundial les de por decidir que eso no es correcto y que hay que hacerlo de otra manera que podrá ser la tradicional o cualquier otra, como es el caso de las katas Shitei . Es decir, otra adaptación para estar en equilibrio con el momento concreto, con la moda imperante, no es ninguna conclusión, es otra faceta para que la creatividad se manifieste en ese momento, por lo tanto me parece muy bien que así sea mientras la rotundidad del karate que practicamos no acabe pareciéndose a una actividad circense o al karate ecléctico que se practica en USA el cual me parece muy espectacular, pero creo que se aleja mucho del pragmatismo tradicional.

3º. Kata para exámenes.

Aquí si que no puede haber moda ninguna. El academicismo no puede estar influido por las modas. La finalidad del examen es ver los patrones de movimientos lo más estereotipadamente posible. Es la única manera de apreciar como el conjunto del alumnado sigue un esquema que pueda ser valorado con formulas de «mas media». De no ser así los aspirantes acabarían haciendo flamenco o kungfu. Sigue siendo un karate «centrífugo».

4º. Katas para mayores.

Este es el karate que se practica en los dojos. En él, el alumno inicia un largo camino hacia el encuentro consigo mismo. Es un karate en el que se comienza a sentir la presencia del hara. El alumno comienza a sentirse y verse observado por el mismo. El mundo que le rodea va progresivamente difuminándose. Comienzan las sensaciones de un karate «centrípeto«, de afuera hacia adentro. Todo lo que se ha ido aprendiendo durante los años comienza a manifestarse en el interior de cada uno, ya no importa tanto que la técnica sea perfecta, esta se pone sola, lo que le interesa al karateka es: sentirse. La sensación de poder moverse sin desequilibrios y guiado por una respiración sincrónica, puede hacer que el iniciado entre en estados de conciencia muy altos. Son sensaciones de plenitud. Se inicia un proceso de comprensión hacia la famosa frase del Zen: «Ken zen itchi» que se traduce por :» el karate y el zen son uno». El ser se transforma en el observador de todo lo que haces.


5º. Karate-do.

Aquí llegamos al punto y final. La plenitud del kata se alcanza cuando ese maravilloso conjunto de técnicas han logrado vencer la prueba del tiempo, las leyes del equilibrio físico y han logrado que la sabiduría de la persona sea constantemente percibida por su propio ser observador, pero en esta ocasión, avanzando un paso más que el caso anterior: un ser observador que no juzga.

Todo lo que se hace desde que se alcanza ese estado, debido a inercia que fluye sin esfuerzo después de tantos años de practica, se hace sin conciencia de juzgar. Todo lo que se hace entra en un estado de equilibrio continuo tanto físico como mental y espiritual. Nunca te sientes solo porque sientes que siempre estás contigo mismo y ese compañero que te observa continuamente, no importando donde te encuentres ni lo que estés haciendo, siempre da calor a tu vida.

Este es el camino más noble por el que deben discurrir las katas. Llegados aquí, ¡qué más da este o aquel movimiento perfectamente a la moda! En el DO, los movimientos no son más que la sustentación que el aire ofrece al vuelo del águila, naturalmente sin aire la rapaz caería, pero no su espíritu que aún cayendo seguirá aprendiendo mientras observa como el cuerpo cae.
El DO, no está en el pasado, aunque le haya sido muy útil al ser para llegar hasta el presente, ni está en el futuro, aunque también le sea útil para la supervivencia, el Do está en el aquí y en el ahora, y solamente se puede sentir su presencia si la conciencia de nuestro ser observador está alerta en cada instante. Esos maravillosos movimientos coordinados que denominamos katas, son una de tantas llaves que el ser humano ha desarrollado para ayudarnos a encontrar el mayor secreto que esconde la vida: la conciencia de nuestro ser.

Resumiendo: Las katas sí pueden alterarse dependiendo del estadio en el que nos encontremos, lo que pretendamos encontrar por medio de ellas y sobre todo, la sinceridad y entrega con que las realicemos.

 

Gustavo A. Reque
7º Dan de Karate (RFEK)
Entrenador Nacional de Karate
Ldo. Educación Física (INEF)
Diplomado en Sofrología