(2º de 3) ZEN Y MEDITACIÓN. LA CONCIENCIA

“La conciencia sólo se manifiesta en el momento presente”. Este es el secreto por el cual el zen insiste en la toma de conciencia del aquí y ahora. Sólo en ese sitio y en ese momento puede manifestarse la conciencia. Pero, ¿donde está y cuanto dura? Esto lo repetimos constantemente los que nos dedicamos a este menester desde hace más de 50 años, pero la curiosidad es como el mono del zen que desordena y revuelve sin cesar los pensamientos. Por eso siempre me he preguntado, ¿por qué la observación del momento presente nos proporciona una mejor y más plena vida? El esoterismo, el misticismo, el espiritismo y hasta la misma kabala se pierden en laberintos que no pueden ser demostrados en el mundo real. Han producido confusión, ansiedad y un sentido de falsa superioridad ética; “yo se algo que tu no sabes, por lo tanto tu vives en la ignorancia y yo soy superior a ti”. ¡Que aburrimiento con los soberbios “chamanes” modernos!…

 

Por fortuna, la ciencia está respondiendo con claridad a estas preguntas. Los últimos estudios neurocientíficos realizados con yoguis, monjes zen y monjes tibetanos (con la anuencia del dalai Lama), han determinado: que la conciencia plena dura aproximadamente, 3 segundos. Después de este tiempo se activa la memoria e iniciamos otro estado de conciencia que vuelve a durar otros 3 segundos y así sucesivamente. Durante esos tres segundos se produce un “reseteado” neuronal en las áreas más sensibles del cerebro y esto se traduce en una mejora de la concepción individual del mundo. El meditador comienza a experimentar sensaciones de armonía, ecuanimidad, compasión, perdón, cariño, etc.,….

La neurociencia ya admite como paradigma que: “LA VIDA INTELIGENTE ALCANZA LA MAYORÍA DE EDAD CUANDO TOMA CONCIENCIA DE SU PROPIA EXISTENCIA”. Es decir: la observación de uno mismo. Pero, ¿qué es lo que hay que observar?: la información que provenga de los cinco sentidos. Dicho de una manera de uso diario; hay que CONCENTRARSE EN LA OBSERVACIÓN de lo que perciben los cinco sentidos u “observación concentrativa”.

¡Ya sabemos por fin cuanto tiempo podemos estar concentrados sin perdernos en laberintos mentales, qué sucede en el cerebro y cuando se activa la memoria! Esto hasta ahora solo lo ha conseguido la especie humana. Lo que viene después es práctica.

Recientemente se han descubierto tres nuevas áreas en el cerebro que se “iluminan” ante ciertos estímulos: la propiocepción (equilibrio), la nociocepción (dolor) y la cronocepción (tiempo), lo cual amplía el campo de observación notablemente. Está en proceso de investigación un nuevo sentido que consiste en la percepción del tiempo futuro; la intuición.

El Zen resuelve la técnica de la observación muy bien a través de la palabra DO. Es decir: la observancia de lo que haces desde la relajación y el no juico. El verdadero caminante del DO no se pierde en laberínticas explicaciones científicas, sociales o en tsubos, chacras, chi o mikios, eso queda para la cultura o para la poesía. Es más simple. Todo es lo que es.

Dos poesías lo expresan con claridad: una oriental, la poesía de la Flor Zen y otra occidental de A. Machado:

¿Qué es Zen? El olor de una flor.
¿Qué no es Zen? El olor de una flor.
¿Qué es el olor de una flor? El olor de una flor.

Como dije antes en occidente tenemos esa sabiduría en poetas más cercanos:

Caminante no hay camino,
se hace camino al andar.

Esta poesía es una auténtica descripción del DO en el ZEN.